Durante el confinamiento, el Grupo Educativo COAS organizó un concurso de Microrrelatos del que dos antiguos alumnos han resultado premiados. Iñigo Peña Jiménez y Adrián López Hernando, que entonces cursaba 2º de Bachillerato, han ganado dos de las tres categorías del certamen: Adultos y ESO-Bach, respetivamente, de un total de 100 trabajos.

La temática propuesta era mostrar el agradecimiento por la dedicación y heroísmo de tantas personas y entidades que entregan lo mejor de sí mismas durante la crisis del Covid-19. Así, ambos textos destacan por su sensibilidad y humanismo, y por ensalzar con delicadeza el trabajo de los sanitarios o tratar el sufrimiento, la muerte y el acompañamiento.

A continuación reproducimos ambos microrrelatos.

 

LA PROMESA (Iñigo Peña Jiménez)

El atardecer lame un cielo que se apaga, que se marcha. Garazi, extenso el cuerpo anciano en la cama, cierra los ojos. El sonido de los pájaros en los aleros del hospital la reconforta. Su música ondulante tapa el ruido del tentáculo que le atraviesa la piel del pecho. La lleva al caserío, con la tía Marta, con la linde del bosque a apenas cuarenta metros. La lleva, en la vereda del tiempo, a una niñez espiritual.

En la azotea, una joven enfermera da de comer pienso a las avecillas cantoras. Cumple la promesa que le hizo a Garazi hace una semana: alimentar a aquellas criaturas para que no se marchen, para que le canten en el crepúsculo de cada día, para que su canto acalle el rumor incesante de la máquina respiradora.

Y Garazi duerme, vuela al fin, con la melodía de los pájaros rondándole el sueño.

 

HUMANIZAR LA MUERTE EN TIEMPOS DE CRISIS (Adrián López Hernando)

El aire desaparecía y la vida se esfumaba. Ana, con el respirador en boca, yacía sobre una cama, propia de los barracones de antaño y no de una residencia en pleno centro de Madrid. La tristeza le carcomía por dentro al mismo tiempo que, esperanzada, luchaba por mantener su corazón latiendo.

Sin previo aviso, apareció una enfermera con un aparato electrónico, o eso creía porque tampoco tenía fuerzas ni para mantener los ojos abiertos más de lo que dura un chasquido.

La enfermera, cariacontecida, le preguntó

-Hace cuánto tiempo que no ves a tu familia?

A lo que Ana utilizando un boli, porque al hablar se ahogaba con su propia saliva, escribió

-¿Qué día es hoy?

Entonces, la enfermera empezó a cacharrear, como le gusta decir a Ana, y, de repente, como si de un milagro se tratase, apareció su nieto con el peluche que le había regalado Ana 2 meses antes de empezar esta pesadilla.

Se derrumbó y cerró los ojos para no volver a abrirlos jamás. Ella, al menos, pudo despedirse de quienes cargan con el dolor por el resto de sus días.